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Reconstruyendo la esperanza: Innovación, fe y vida más allá del cáncer de mama

Como cirujano oncólogo y mastólogo oncoplástico, veo a diario el impacto paralizante que causan las palabras «cáncer de mama» en mis pacientes. Inmediatamente, la mente se inunda de miedo. El cáncer de mama es, en su definición médica, la multiplicación descontrolada y anormal de células en los conductos o lobulillos del tejido mamario.

Es una de las principales amenazas para la salud de la mujer, pero los números de hoy también traen un mensaje profundamente optimista. Según los datos del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) de los Estados Unidos, para enero del año 2025 ya se contabilizaban más de 4.3 millones de mujeres sobrevivientes de cáncer de mama en esa nación.

Lo verdaderamente revolucionario radica en la sobrevida global, que actualmente ronda el 92 % a los cinco años del diagnóstico. Pero el dato estadístico más contundente es el contraste entre etapas: cuando logramos detectar el cáncer en un estadio inicial, la supervivencia relativa a 5 años supera el 97%. Sin embargo, si el diagnóstico ocurre en un estadio tardío, esa probabilidad de supervivencia desciende dramáticamente a un 32%. En nuestra República Dominicana, el gran reto que tenemos por delante es emular estas estadísticas  del primer mundo, impulsando la detección temprana y reduciendo la mortalidad generada por los diagnósticos tardíos.

Hoy quiero hacer énfasis en lo siguiente: un diagnóstico de cáncer de mama ya no es sinónimo de muerte, ni significa que perderás tu seno irremediablemente. Cuando abordamos la enfermedad a tiempo, en sus estadios iniciales, las probabilidades de vida son formidables.

La medicina en el manejo del cáncer de mama ha evolucionado a pasos gigantescos. En el ámbito del diagnóstico, los estudios por imágenes actuales detectan lesiones milimétricas mucho antes de ser palpables, apoyados hoy, de manera revolucionaria, por la inteligencia artificial (IA); esta tecnología asiste a los radiólogos en la lectura de mamografías para identificar patrones sutiles que podrían pasar desapercibidos al ojo humano, lo que se traduce en un diagnóstico más certero y precoz. En cuanto al tratamiento médico, la quimioterapia moderna, la inmunoterapia y las terapias dirigidas atacan las células malignas con una efectividad sin precedentes, mientras que la radioterapia de última generación logra erradicar la enfermedad protegiendo meticulosamente los tejidos sanos como el corazón y los pulmones.

De igual manera, hemos vivido una revolución en el plano quirúrgico, justo en el área donde se concentra mi trabajo y pasión. Atrás quedaron los años en los que la única vía segura era la amputación completa y desfigurante del seno. Hoy nos apoyamos en la cirugía oncoplástica conservadora de la mama. Esta disciplina nos permite extirpar el tumor cumpliendo con los márgenes oncológicos de manera segura, pero aplicando de inmediato técnicas de cirugía reconstructiva para remodelar la mama y conservar su forma natural.

Realizamos cirugías verdaderamente conservadoras, e incluso cuando la enfermedad nos obliga a retirar todo el tejido glandular de la mama, recurrimos a las mastectomías ahorradoras de piel y del complejo areola-pezón con reconstrucción inmediata mediante prótesis mamaria. Gracias al uso de la cirugía endoscópica, en pacientes seleccionadas, podemos extraer el tejido a través de una cirugía mínimamente invasiva por medio de una incisión que oscila estrictamente entre los 2.5 y 3.5 centímetros, preservando el estuche cutáneo para una reconstrucción casi sin cicatrices visibles. Quiero que cada paciente sepa que en la Unión Médica del Norte y en la República Dominicana contamos con cirujanos plenamente capaces de realizar todas estas intervenciones de vanguardia bajo los mejores criterios y los más altos estándares internacionales. No hay necesidad de salir del país para recibir medicina quirúrgica de primer mundo.

Esta reconstrucción mamaria, ya sea inmediata o diferida, no es un capricho estético, sino una necesidad integral que juega un papel psicológico invaluable. Despertar de la cirugía sintiéndose completa protege la autoestima, la feminidad, y otorga a la paciente la fuerza mental y emocional indispensable para enfrentar el resto de su tratamiento sin sentir que el cáncer le ha robado su identidad.

Finalmente, este es un proceso que jamás debe enfrentarse en soledad. La ciencia médica cura el cuerpo, pero el apoyo emocional y espiritual sostiene el alma. La fe y la confianza en Dios, sumadas al acompañamiento incondicional de los familiares, los amigos y la empatía humana de todo el equipo médico, son pilares inquebrantables. Desde el momento del diagnóstico hasta el día en que culmina el tratamiento, formar este verdadero equipo de apoyo hace toda la diferencia.

Hay vida después del diagnóstico

Digno Pérez
Cirujano Oncólogo – Mastólogo Oncoplástico
Torre E, Nivel 6, Suite 665