Cuando se habla de ictus solemos pensar en el neurólogo, el tomógrafo o el medicamento que disuelve el coágulo. Pero entre la puerta de emergencia y el alta hay una figura que está presente en cada minuto: la enfermera o el enfermero. La evidencia de los últimos años muestra que su trabajo no es un apoyo secundario, sino una parte medible del resultado.
El ictus es la primera causa de discapacidad grave en el adulto y la segunda principal causa de muerte en la República Dominicana. En esta enfermedad el tiempo es cerebro: cada minuto sin flujo sanguíneo se pierden neuronas. Por eso la pregunta no es solo qué tratamiento recibe el paciente, sino quién hace que llegue a tiempo y que la recuperación no se complique.
Los primeros minutos: el código ictus
En nuestra Unidad de Ictus, cuando llega un paciente con sospecha de ictus se activa el código ictus y cada persona del equipo tiene una tarea asignada. La enfermería toma la presión arterial en triaje, mide la glucosa, coloca el monitor, canaliza dos vías venosas y extrae las muestras de laboratorio. Si el paciente toma anticoagulantes, o no se sabe, mide en el momento la coagulación con un equipo portátil.
Estas tareas parecen simples, pero en paralelo ahorran minutos decisivos. Una glucosa baja puede imitar un ictus, y una presión muy alta o una coagulación alterada pueden impedir el tratamiento. Durante la infusión del trombolítico, la enfermera controla la presión arterial cada 15 minutos y es la primera en notar señales de alarma como dolor de cabeza intenso, vómitos o empeoramiento neurológico.
Un estudio en un hospital de China comparó los resultados antes y después de incorporar una enfermera dedicada al ictus. El tiempo entre la llegada y el inicio del trombolítico bajó de 36 a 25 minutos, y los pacientes tuvieron mejor nivel de independencia a los 90 días [1]. Es un estudio de un solo centro y no aleatorizado, por lo que la magnitud exacta del efecto debe tomarse con cautela. Aun así, la dirección del hallazgo coincide con lo que sabemos: organizar mejor el equipo acorta tiempos.
La trombectomía: antes, durante y después
Cuando el coágulo tapa una arteria grande, el tratamiento puede incluir la trombectomía: un catéter llega hasta el cerebro, normalmente desde la ingle, y extrae el coágulo. Una revisión publicada en Stroke describe a la enfermería en todas las fases: identifica en emergencia al posible candidato, vigila la seguridad del paciente en la sala de hemodinamia y, después, en cuidados intensivos, detecta complicaciones a tiempo [2].
En la práctica, eso significa revisar cada hora la zona de punción en la ingle, el pulso, el color y la temperatura de la pierna, y avisar ante cualquier sangrado o hematoma. También significa vigilar la presión arterial y el estado neurológico durante las primeras 24 horas, el periodo de mayor riesgo [2].
Tragar sin peligro: la disfagia
Muchas personas con ictus pierden temporalmente la capacidad de tragar bien. El riesgo no es solo atragantarse, sino que también la ingesta de líquidos puede pasar a los pulmones y causar neumonía, además de desnutrición y deshidratación [3, 4]. Por eso, en nuestra unidad el paciente no come ni bebe nada hasta que se evalúa su deglución con la prueba GUSS, idealmente en las primeras 4 horas y siempre antes de las 24 horas.
El papel de enfermería especializada continúa después: acompaña los ejercicios de deglución, adapta texturas, vigila el progreso y enseña a la familia cómo alimentar con seguridad en casa [4]. En dos estudios, las herramientas aplicadas por enfermería detectaron alrededor de 9 de cada 10 pacientes con disfagia cuando se compararon con la valoración de un especialista en deglución [5, 6]. Ambos estudios fueron pequeños (unos 50 pacientes cada uno), pero respaldan algo práctico: no hace falta esperar a otro profesional para proteger al paciente desde el primer día.
La piel y las complicaciones silenciosas
Un paciente que no puede moverse bien corre riesgo de úlceras por presión, las heridas que aparecen cuando la piel queda apoyada mucho tiempo en el mismo punto. En un estudio de 503 pacientes ingresados por ictus isquémico, más de la mitad presentó alguna lesión en la piel; una de cada cuatro tenía úlceras por presión [7]. Quienes tuvieron lesiones permanecieron más tiempo hospitalizados (13 frente a 8 días de media) y salieron con peor nivel funcional [7].
Gran parte de estas lesiones se puede prevenir, y esa prevención es trabajo diario de enfermería. Nuestro protocolo incluye cambios de posición, colchón de aire y la escala de Braden para medir el riesgo de úlceras. Se suman la escala de Downton para el riesgo de caídas, la compresión neumática de las piernas para evitar trombos y una pesquisa rápida de depresión, frecuente tras un ictus.
Conclusión
La enfermería está en cada eslabón de la atención del ictus: acorta los tiempos en la emergencia, vigila al paciente durante y después del tratamiento, protege la deglución y la piel, y prepara a la familia para el regreso a casa. La evidencia disponible, aunque en parte proviene de estudios pequeños u observacionales, apunta en la misma dirección: más y mejor enfermería se traduce en mejores resultados.
Para la población, el mensaje es doble. Ante una cara torcida, un brazo débil o dificultad para hablar, hay que acudir de inmediato a emergencias. Y, una vez allí, el equipo de enfermería será uno de los aliados más constantes en el camino hacia la recuperación.
Lcda. Sergia Suárez Encargada de Enfermería de la Unidad de Ictus
Referencias
Xu ZH, Deng QW, Zhai Q, Zhang Q, Wang ZJ, Chen WX, et al. Clinical significance of stroke nurse in patients with acute ischemic stroke receiving intravenous thrombolysis. BMC Neurol. 2021;21(1):359. doi: 10.1186/s12883-021-02375-6
Hill M, Baumann JJ, Newcommon N. Nursing care of the acute ischemic stroke endovascular thrombectomy patient. Stroke. 2022;53(9):2958-66. doi: 10.1161/STROKEAHA.122.034536
Gunes A, Erol O, Kehaya S. Effect of sour taste on swallowing function of patients with dysphagia after acute ischemic stroke: a randomized controlled trial. Brain Behav. 2026;16(8):e71680. doi: 10.1002/brb3.71680
Zhang R, Qin D. Swallowing dysfunction in stroke: the role of nurses and rehabilitation strategies across recovery phases. Rehabil Nurs. 2026;51(2):76-92. doi: 10.1097/RNJ.0000000000000521
Benfield JK, Wilkinson G, Everton LF, Bath PM, England TJ. Diagnostic accuracy of the Dysphagia Trained Nurse Assessment tool in acute stroke. Eur J Neurol. 2021;28(8):2766-74. doi: 10.1111/ene.14900
Cummings J, Soomans D, O’Laughlin J, Snapp V, Jodoin A, Proco H, et al. Sensitivity and specificity of a nurse dysphagia screen in stroke patients. Medsurg Nurs. 2015;24(4):219-22, 263.
Wong YS, Sung SF, Wu CS, Su YH, Lin MH, Su CY, et al. Prevalence of pressure injuries and bruising in patients with acute ischemic stroke: a prospective observational study. J Clin Neurosci. 2025;139:111465. doi: 10.1016/j.jocn.2025.111465
Brom H, Brooks Carthon JM, Sloane D, McHugh M, Aiken L. Better nurse work environments associated with fewer readmissions and shorter length of stay among adults with ischemic stroke: a cross-sectional analysis of United States hospitals. Res Nurs Health. 2021;44(3):525-33. doi: 10.1002/nur.22121
Rol de enfermería en la atención de los pacientes con ICTUS
Cuando se habla de ictus solemos pensar en el neurólogo, el tomógrafo o el medicamento que disuelve el coágulo. Pero entre la puerta de emergencia y el alta hay una figura que está presente en cada minuto: la enfermera o el enfermero. La evidencia de los últimos años muestra que su trabajo no es un apoyo secundario, sino una parte medible del resultado.
El ictus es la primera causa de discapacidad grave en el adulto y la segunda principal causa de muerte en la República Dominicana. En esta enfermedad el tiempo es cerebro: cada minuto sin flujo sanguíneo se pierden neuronas. Por eso la pregunta no es solo qué tratamiento recibe el paciente, sino quién hace que llegue a tiempo y que la recuperación no se complique.
Los primeros minutos: el código ictus
En nuestra Unidad de Ictus, cuando llega un paciente con sospecha de ictus se activa el código ictus y cada persona del equipo tiene una tarea asignada. La enfermería toma la presión arterial en triaje, mide la glucosa, coloca el monitor, canaliza dos vías venosas y extrae las muestras de laboratorio. Si el paciente toma anticoagulantes, o no se sabe, mide en el momento la coagulación con un equipo portátil.
Estas tareas parecen simples, pero en paralelo ahorran minutos decisivos. Una glucosa baja puede imitar un ictus, y una presión muy alta o una coagulación alterada pueden impedir el tratamiento. Durante la infusión del trombolítico, la enfermera controla la presión arterial cada 15 minutos y es la primera en notar señales de alarma como dolor de cabeza intenso, vómitos o empeoramiento neurológico.
Un estudio en un hospital de China comparó los resultados antes y después de incorporar una enfermera dedicada al ictus. El tiempo entre la llegada y el inicio del trombolítico bajó de 36 a 25 minutos, y los pacientes tuvieron mejor nivel de independencia a los 90 días [1]. Es un estudio de un solo centro y no aleatorizado, por lo que la magnitud exacta del efecto debe tomarse con cautela. Aun así, la dirección del hallazgo coincide con lo que sabemos: organizar mejor el equipo acorta tiempos.
La trombectomía: antes, durante y después
Cuando el coágulo tapa una arteria grande, el tratamiento puede incluir la trombectomía: un catéter llega hasta el cerebro, normalmente desde la ingle, y extrae el coágulo. Una revisión publicada en Stroke describe a la enfermería en todas las fases: identifica en emergencia al posible candidato, vigila la seguridad del paciente en la sala de hemodinamia y, después, en cuidados intensivos, detecta complicaciones a tiempo [2].
En la práctica, eso significa revisar cada hora la zona de punción en la ingle, el pulso, el color y la temperatura de la pierna, y avisar ante cualquier sangrado o hematoma. También significa vigilar la presión arterial y el estado neurológico durante las primeras 24 horas, el periodo de mayor riesgo [2].
Tragar sin peligro: la disfagia
Muchas personas con ictus pierden temporalmente la capacidad de tragar bien. El riesgo no es solo atragantarse, sino que también la ingesta de líquidos puede pasar a los pulmones y causar neumonía, además de desnutrición y deshidratación [3, 4]. Por eso, en nuestra unidad el paciente no come ni bebe nada hasta que se evalúa su deglución con la prueba GUSS, idealmente en las primeras 4 horas y siempre antes de las 24 horas.
El papel de enfermería especializada continúa después: acompaña los ejercicios de deglución, adapta texturas, vigila el progreso y enseña a la familia cómo alimentar con seguridad en casa [4]. En dos estudios, las herramientas aplicadas por enfermería detectaron alrededor de 9 de cada 10 pacientes con disfagia cuando se compararon con la valoración de un especialista en deglución [5, 6]. Ambos estudios fueron pequeños (unos 50 pacientes cada uno), pero respaldan algo práctico: no hace falta esperar a otro profesional para proteger al paciente desde el primer día.
La piel y las complicaciones silenciosas
Un paciente que no puede moverse bien corre riesgo de úlceras por presión, las heridas que aparecen cuando la piel queda apoyada mucho tiempo en el mismo punto. En un estudio de 503 pacientes ingresados por ictus isquémico, más de la mitad presentó alguna lesión en la piel; una de cada cuatro tenía úlceras por presión [7]. Quienes tuvieron lesiones permanecieron más tiempo hospitalizados (13 frente a 8 días de media) y salieron con peor nivel funcional [7].
Gran parte de estas lesiones se puede prevenir, y esa prevención es trabajo diario de enfermería. Nuestro protocolo incluye cambios de posición, colchón de aire y la escala de Braden para medir el riesgo de úlceras. Se suman la escala de Downton para el riesgo de caídas, la compresión neumática de las piernas para evitar trombos y una pesquisa rápida de depresión, frecuente tras un ictus.
Conclusión
La enfermería está en cada eslabón de la atención del ictus: acorta los tiempos en la emergencia, vigila al paciente durante y después del tratamiento, protege la deglución y la piel, y prepara a la familia para el regreso a casa. La evidencia disponible, aunque en parte proviene de estudios pequeños u observacionales, apunta en la misma dirección: más y mejor enfermería se traduce en mejores resultados.
Para la población, el mensaje es doble. Ante una cara torcida, un brazo débil o dificultad para hablar, hay que acudir de inmediato a emergencias. Y, una vez allí, el equipo de enfermería será uno de los aliados más constantes en el camino hacia la recuperación.
Lcda. Sergia Suárez
Encargada de Enfermería de la Unidad de Ictus
Referencias