El accidente cerebrovascular (ACV), también denominado ictus, constituye una de las principales causas de mortalidad y discapacidad adquirida a nivel mundial. Su abordaje representa uno de los mayores desafíos de la medicina de urgencias, debido a que el tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas influye directamente en la extensión del daño cerebral y las posibilidades de recuperación.
En este escenario, la neurorradiología ocupa una posición estratégica dentro del equipo multidisciplinario, al proporcionar información anatómica, vascular y funcional indispensable para establecer un diagnóstico preciso y orientar las decisiones terapéuticas.
En el Código Ictus, la neuroimagen no solo confirma un diagnóstico: permite identificar oportunidades de tratamiento y contribuir a preservar tejido cerebral potencialmente recuperable.
1. El papel de la neurorradiología en el diagnóstico del ictus
La neurorradiología constituye uno de los pilares fundamentales en la evaluación del paciente con sospecha de enfermedad cerebrovascular aguda. Su función va más allá de identificar alteraciones estructurales. Mediante la interpretación especializada de los estudios de neuroimagen, es posible determinar la naturaleza del evento cerebrovascular, localizar el territorio comprometido, evaluar la circulación intracraneal y estimar la extensión del daño cerebral.
La tomografía computarizada (TC) sin contraste permite identificar rápidamente una hemorragia intracraneal y reconocer signos precoces de isquemia cerebral. Por su parte, la angiografía por tomografía computarizada (angio-TC) permite detectar oclusiones arteriales, particularmente de grandes vasos, cuya identificación resulta fundamental para valorar posibles tratamientos endovasculares.
Los estudios de perfusión cerebral aportan información sobre la hemodinamia del tejido cerebral y, en pacientes seleccionados, permiten estimar la relación entre el núcleo del infarto y el tejido potencialmente recuperable, conocido como penumbra isquémica.
La resonancia magnética, especialmente mediante las secuencias de difusión (DWI) y los mapas de coeficiente de difusión aparente (ADC), ofrece una elevada sensibilidad para la detección temprana de lesiones isquémicas. La integración de estas técnicas permite realizar una evaluación diagnóstica precisa y adaptada a las necesidades de cada paciente.
2. Intervención del neurorradiólogo: decisiones críticas en tiempo real
La participación del neurorradiólogo comienza desde las primeras etapas de activación del Código Ictus.
En nuestra práctica diaria en la Clínica Unión Médica, la neurorradiología constituye un componente esencial en la atención de los pacientes con sospecha de ictus. Como parte del equipo multidisciplinario, nuestra labor implica la evaluación e interpretación oportuna de los estudios de neuroimagen, identificando hallazgos determinantes para orientar las decisiones clínicas y terapéuticas.
Esta responsabilidad exige precisión diagnóstica, capacidad de respuesta y comunicación efectiva con los especialistas involucrados, conscientes de que cada minuto puede representar una oportunidad para preservar tejido cerebral y mejorar el pronóstico del paciente.
Nuestra responsabilidad no se limita a emitir un informe radiológico; consiste en transformar los hallazgos de las imágenes en información decisiva para el manejo oportuno del paciente.
Entre nuestras principales funciones se encuentran la diferenciación entre ictus isquémico y hemorrágico, la identificación de signos tempranos de infarto cerebral, la evaluación de la permeabilidad vascular, la detección de oclusiones de grandes vasos y la valoración del tejido cerebral potencialmente recuperable.
Asimismo, la interpretación neurorradiológica contribuye a identificar complicaciones, reconocer hallazgos que condicionan el riesgo terapéutico y aportar criterios de imagen para la selección de pacientes candidatos a estrategias de reperfusión.
En coordinación con neurología y los demás especialistas involucrados, estos hallazgos permiten orientar decisiones relacionadas con la trombólisis intravenosa y la trombectomía mecánica, de acuerdo con las características clínicas, el tiempo de evolución y los protocolos establecidos.
Cada estudio representa una oportunidad para transformar información diagnóstica en una decisión clínica oportuna.
3. Impacto de la neurorradiología en el pronóstico del paciente
Uno de los aportes más importantes de la neurorradiología es su capacidad para contribuir a la identificación del tejido cerebral que todavía puede salvarse.
Durante un ictus isquémico, la disminución del flujo sanguíneo puede producir un núcleo de tejido irreversiblemente lesionado, rodeado, en determinados casos, por áreas de hipoperfusión que conservan viabilidad potencial.
La evaluación de estas alteraciones mediante técnicas avanzadas de imagen permite mejorar la selección de pacientes para determinados tratamientos y contribuir a la toma de decisiones individualizadas.
Una interpretación rápida y precisa puede favorecer el acceso oportuno a tratamientos de reperfusión, cuya eficacia depende de múltiples factores, entre ellos el tiempo de intervención, la extensión del infarto y las características vasculares.
De igual manera, la neuroimagen desempeña un papel esencial en el seguimiento, permitiendo evaluar la evolución de las lesiones, detectar transformación hemorrágica, edema cerebral y otras complicaciones que pueden modificar el manejo clínico.
Por tanto, el impacto de nuestra especialidad no termina con el diagnóstico inicial, sino que se extiende a diferentes etapas de la evolución del paciente.
4. La neurorradiología dentro del abordaje multidisciplinario
El tratamiento del ictus exige una respuesta organizada, coordinada y basada en protocolos de atención.
La interacción entre medicina de emergencias, neurología, neurorradiología, neurocirugía, especialistas en tratamiento endovascular, medicina intensiva, enfermería y rehabilitación constituye un elemento determinante para ofrecer una atención integral.
Dentro de esta estructura, el neurorradiólogo desempeña una función de enlace entre la información obtenida mediante las imágenes y las decisiones clínicas que deben adoptarse en un tiempo limitado.
La comunicación directa de los hallazgos relevantes, especialmente ante la identificación de una oclusión arterial o de signos de daño cerebral extenso, permite agilizar las decisiones del equipo tratante.
El verdadero valor del Código Ictus radica en la integración de conocimientos y competencias, donde cada especialidad contribuye desde su área de experiencia a un objetivo común: reducir la discapacidad, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Conclusión: cuando cada imagen cuenta
En el marco del Día Mundial del Ictus, que se conmemora cada 29 de octubre, resulta fundamental destacar la importancia del reconocimiento temprano de los síntomas, la activación oportuna de los protocolos de emergencia y el trabajo multidisciplinario.
Desde la neurorradiología, asumimos el compromiso de aportar diagnósticos precisos, interpretaciones oportunas y herramientas que contribuyan a una toma de decisiones terapéuticas fundamentada en la evidencia científica.
Nuestro trabajo demuestra que detrás de cada imagen existe mucho más que un hallazgo radiológico: existe un paciente, una oportunidad de intervención y la posibilidad de cambiar el curso de una enfermedad potencialmente devastadora.
En el ictus, el tiempo es cerebro; y la neurorradiología contribuye a convertir ese tiempo en oportunidades de recuperación.
Dra. Perla Almonte Pichardo Médica especialista en Neurorradiología
Referencias bibliográficas
Powers WJ, Rabinstein AA, Ackerson T, et al. Guidelines for the early management of patients with acute ischemic stroke: 2019 update to the 2018 guidelines. Stroke. 2019;50(12):e344–e418. doi:10.1161/STR.0000000000000211.
Nogueira RG, Jadhav AP, Haussen DC, et al. Thrombectomy 6 to 24 hours after stroke with a mismatch between deficit and infarct. N Engl J Med. 2018;378(1):11–21. doi:10.1056/NEJMoa1706442.
Albers GW, Marks MP, Kemp S, et al. Thrombectomy for stroke at 6 to 16 hours with selection by perfusion imaging. N Engl J Med. 2018;378(8):708–718. doi:10.1056/NEJMoa1713973.
Neurorradiología en el Código Ictus: imágenes que orientan decisiones y transforman pronósticos
El accidente cerebrovascular (ACV), también denominado ictus, constituye una de las principales causas de mortalidad y discapacidad adquirida a nivel mundial. Su abordaje representa uno de los mayores desafíos de la medicina de urgencias, debido a que el tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas influye directamente en la extensión del daño cerebral y las posibilidades de recuperación.
En este escenario, la neurorradiología ocupa una posición estratégica dentro del equipo multidisciplinario, al proporcionar información anatómica, vascular y funcional indispensable para establecer un diagnóstico preciso y orientar las decisiones terapéuticas.
En el Código Ictus, la neuroimagen no solo confirma un diagnóstico: permite identificar oportunidades de tratamiento y contribuir a preservar tejido cerebral potencialmente recuperable.
1. El papel de la neurorradiología en el diagnóstico del ictus
La neurorradiología constituye uno de los pilares fundamentales en la evaluación del paciente con sospecha de enfermedad cerebrovascular aguda. Su función va más allá de identificar alteraciones estructurales. Mediante la interpretación especializada de los estudios de neuroimagen, es posible determinar la naturaleza del evento cerebrovascular, localizar el territorio comprometido, evaluar la circulación intracraneal y estimar la extensión del daño cerebral.
La tomografía computarizada (TC) sin contraste permite identificar rápidamente una hemorragia intracraneal y reconocer signos precoces de isquemia cerebral. Por su parte, la angiografía por tomografía computarizada (angio-TC) permite detectar oclusiones arteriales, particularmente de grandes vasos, cuya identificación resulta fundamental para valorar posibles tratamientos endovasculares.
Los estudios de perfusión cerebral aportan información sobre la hemodinamia del tejido cerebral y, en pacientes seleccionados, permiten estimar la relación entre el núcleo del infarto y el tejido potencialmente recuperable, conocido como penumbra isquémica.
La resonancia magnética, especialmente mediante las secuencias de difusión (DWI) y los mapas de coeficiente de difusión aparente (ADC), ofrece una elevada sensibilidad para la detección temprana de lesiones isquémicas. La integración de estas técnicas permite realizar una evaluación diagnóstica precisa y adaptada a las necesidades de cada paciente.
2. Intervención del neurorradiólogo: decisiones críticas en tiempo real
La participación del neurorradiólogo comienza desde las primeras etapas de activación del Código Ictus.
En nuestra práctica diaria en la Clínica Unión Médica, la neurorradiología constituye un componente esencial en la atención de los pacientes con sospecha de ictus. Como parte del equipo multidisciplinario, nuestra labor implica la evaluación e interpretación oportuna de los estudios de neuroimagen, identificando hallazgos determinantes para orientar las decisiones clínicas y terapéuticas.
Esta responsabilidad exige precisión diagnóstica, capacidad de respuesta y comunicación efectiva con los especialistas involucrados, conscientes de que cada minuto puede representar una oportunidad para preservar tejido cerebral y mejorar el pronóstico del paciente.
Nuestra responsabilidad no se limita a emitir un informe radiológico; consiste en transformar los hallazgos de las imágenes en información decisiva para el manejo oportuno del paciente.
Entre nuestras principales funciones se encuentran la diferenciación entre ictus isquémico y hemorrágico, la identificación de signos tempranos de infarto cerebral, la evaluación de la permeabilidad vascular, la detección de oclusiones de grandes vasos y la valoración del tejido cerebral potencialmente recuperable.
Asimismo, la interpretación neurorradiológica contribuye a identificar complicaciones, reconocer hallazgos que condicionan el riesgo terapéutico y aportar criterios de imagen para la selección de pacientes candidatos a estrategias de reperfusión.
En coordinación con neurología y los demás especialistas involucrados, estos hallazgos permiten orientar decisiones relacionadas con la trombólisis intravenosa y la trombectomía mecánica, de acuerdo con las características clínicas, el tiempo de evolución y los protocolos establecidos.
Cada estudio representa una oportunidad para transformar información diagnóstica en una decisión clínica oportuna.
3. Impacto de la neurorradiología en el pronóstico del paciente
Uno de los aportes más importantes de la neurorradiología es su capacidad para contribuir a la identificación del tejido cerebral que todavía puede salvarse.
Durante un ictus isquémico, la disminución del flujo sanguíneo puede producir un núcleo de tejido irreversiblemente lesionado, rodeado, en determinados casos, por áreas de hipoperfusión que conservan viabilidad potencial.
La evaluación de estas alteraciones mediante técnicas avanzadas de imagen permite mejorar la selección de pacientes para determinados tratamientos y contribuir a la toma de decisiones individualizadas.
Una interpretación rápida y precisa puede favorecer el acceso oportuno a tratamientos de reperfusión, cuya eficacia depende de múltiples factores, entre ellos el tiempo de intervención, la extensión del infarto y las características vasculares.
De igual manera, la neuroimagen desempeña un papel esencial en el seguimiento, permitiendo evaluar la evolución de las lesiones, detectar transformación hemorrágica, edema cerebral y otras complicaciones que pueden modificar el manejo clínico.
Por tanto, el impacto de nuestra especialidad no termina con el diagnóstico inicial, sino que se extiende a diferentes etapas de la evolución del paciente.
4. La neurorradiología dentro del abordaje multidisciplinario
El tratamiento del ictus exige una respuesta organizada, coordinada y basada en protocolos de atención.
La interacción entre medicina de emergencias, neurología, neurorradiología, neurocirugía, especialistas en tratamiento endovascular, medicina intensiva, enfermería y rehabilitación constituye un elemento determinante para ofrecer una atención integral.
Dentro de esta estructura, el neurorradiólogo desempeña una función de enlace entre la información obtenida mediante las imágenes y las decisiones clínicas que deben adoptarse en un tiempo limitado.
La comunicación directa de los hallazgos relevantes, especialmente ante la identificación de una oclusión arterial o de signos de daño cerebral extenso, permite agilizar las decisiones del equipo tratante.
El verdadero valor del Código Ictus radica en la integración de conocimientos y competencias, donde cada especialidad contribuye desde su área de experiencia a un objetivo común: reducir la discapacidad, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Conclusión: cuando cada imagen cuenta
En el marco del Día Mundial del Ictus, que se conmemora cada 29 de octubre, resulta fundamental destacar la importancia del reconocimiento temprano de los síntomas, la activación oportuna de los protocolos de emergencia y el trabajo multidisciplinario.
Desde la neurorradiología, asumimos el compromiso de aportar diagnósticos precisos, interpretaciones oportunas y herramientas que contribuyan a una toma de decisiones terapéuticas fundamentada en la evidencia científica.
Nuestro trabajo demuestra que detrás de cada imagen existe mucho más que un hallazgo radiológico: existe un paciente, una oportunidad de intervención y la posibilidad de cambiar el curso de una enfermedad potencialmente devastadora.
En el ictus, el tiempo es cerebro; y la neurorradiología contribuye a convertir ese tiempo en oportunidades de recuperación.
Dra. Perla Almonte Pichardo
Médica especialista en Neurorradiología
Referencias bibliográficas