Ya es de sobra conocido los numerosos beneficios que aporta la lactancia materna. Tanto es así que la OMS recomienda el mantenimiento de la lactancia materna hasta los 2 años o más, aunque solo debe realizarse de manera exclusiva durante los primeros 6 meses, periodo tras el cual se debe comenzar con la alimentación complementaria.

 Sabemos que la lactancia materna produce ventajas psicológicas porque estimula la relación madre e hijo. Además, también cuenta con otra serie de ventajas como las relacionadas con las digestivas, pues mejoran la digestión, absorción y el ritmo intestinal al ser un alimento muy adaptado a las necesidades del lactante.

A día de hoy, todavía se siguen estudiando los beneficios de la lactancia materna. Por ejemplo, en un artículo anterior de Medciencia explicamos que la lactancia materna podría reducir el riesgo de desarrollar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Ahora, en la última investigación que consta de 6 estudios y que ha sido dirigido por el Dr. Johnson y sus compañeros, se han determinado diversos factores que podrían determinar la composición de las bacterias que conforman la flora intestinal, entre ellas la lactancia materna. En reciente artículo hablamos sobre la importancia de los microorganismos que viven con nosotros: ¿las bacterias intestinales podrían ayudarnos a tratar las enfermedades cerebrales?

Los bebés amamantados tienen una flora intestinal diferente

 

El equipo del Dr. Johnson ha estudiado cómo los factores biológicos y medioambientales influencian el desarrollo de alergias y asma en los primeros años de vida. Para completar sus descubrimientos, analizaron muestras de heces que se recogieron al mes del nacimiento y a los 6 meses de edad.

Los resultados revelaron que hay numerosas variables a tener en cuenta que determinan la composición de la flora intestinal del niño: la etnia de la madre, el tiempo que el feto se desarrolla en la matriz de la madre, la exposición al tabaco antes y después de nacer, la presencia de mascotas en la casa y si el parto fue vaginal o mediante cesárea.

Pero lo que más llamó la atención a los investigadores fue el hecho de que los bebes que se alimentaron de la lactancia materna tenían unas bacterias intestinales diferentes a los bebés que no fueron amamantados. Asimismo, los bebés que tomaron el pecho al mes tenían un menor riesgo de padecer alergias relacionadas con las mascotas.

¿Por qué es importante la flora intestinal en el desarrollo del sistema inmune?

Los investigadores han encontrado que la composición de la flora intestinal de un niño se relaciona con los niveles de unas células del sistema inmune denominadas linfocitos T reguladores. Como su nombre indica, estas células son las encargadas de regular ciertas respuestas del sistema inmune y tienen un papel bastante importante para evitar que nuestras defensas nos ataquen erróneamente.

Por ello, que los investigadores hayan encontrado que la lactancia materna modifica nuestra flora intestinal, y ésta a su vez es capaz de modificar los niveles de linfocitos T reguladores, pone de manifiesto que la lactancia materna puede protegernos contra la aparición de alergias.

Fuente: Newswise

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